domingo, 9 de marzo de 2008

El prian


El PRI se ha convertido en un partido de derecha, así lo considera 70% de sus propios adherentes y gente que nunca votaría por él. Pero su alianza con el PAN no es ideológica. Es una claudicación para obtener privilegios y garantizar impunidades.

PRI y PAN encubran mutuamente sus corruptelas y protegen al secretario de Gobernación ilegítimo, Juan Camilo Mouriño, para evitar que desde el Congreso se investiguen sus negocios con PEMEX

Es muy lamentable que PRI y PAN “se tapen entre ellos”, encubran mutuamente sus corruptelas y protejan al secretario de Gobernación espurio, Juan Camilo Mouriño, para evitar que desde el Congreso se investiguen sus negocios con Petróleos Mexicanos.



Llega Carlos Salinas de Gortari al poder y el PRI sigue usando exactamente el mismo discurso, sólo que ahora con un eufemismo: "la modernidad."Salinas se montó en el discurso de que traería la "modernidad" pero lo único que hizo fue PRIVATIZAR las paraestatales y la banca, lo cual desencadenó en una de las peores crisis económicas de la historia y dio pie al FOBAPROA.


Tanto la idea de la "revolución" como la idea de la "modernidad" pretendían que la gente creyera que el gobierno priista tenía como objetivo traer "progreso" al país. Y quien se oponía a las cochinadas, chingaderas y crímenes del PRI era tachado como "enemigo del progreso."Durante los sexenios de Zedillo y de Fox se abandonó el pretexto del "progreso" por la simple y sencilla razón de que ya nadie se lo tragaba. El lema de Zedillo era "sí sabe como hacerlo."


No presumía que traería el progreso, sino que simplemente sí podía con el paquete de por lo menos evitar que el caos se desbordara en el país luego del levantamiento zapatista, el asesinato de Colosio, y el de Ruiz Massieu. Prometer progreso cuando el país se estaba desbaratando tras seis años de "modernidad" salinista era una ofensa a la inteligencia.Fox TAMPOCO ofreció progreso. Ofreció el "cambio", pero casi tan pronto como llegó al poder, Fox declaró que "cambio no quiere decir hacer las cosas distinto sino mejor".


Es decir, para Fox el "cambio" consistía en que un panista continuara con otro sexenio de zedillismo--inclusive con los mismos funcionarios, como fue el caso de Guillermo Ortiz en el Banco de México.


Llega 2006 y Andrés Manuel López Obrador ofrece un proyecto alternativo de nación. Esto no implicaba "progreso" como lo ofrecían los priistas, sino el fin de los malos manejos del país para lograr la justicia social. Quien sí se cuelga más o menos de la idea del progreso priista fue fecal con su lema "para que vivamos mejor" y con masturbaciones mentales como "el México ganador" o "el futuro", lo cual no se traga nadie gracias al desastre que fue el sexenio de Fox. Esto quedó plenamente demostrado con la derrota electoral de fecal el 2 de Julio de 2006, la cual llevó al PAN a cometer uno de los fraudes electorales más burdos de la historia.


Luego de USURPAR la presidencia, fecal se monta en otro eufemismo: "el México que queremos." Nadie se lo cree, desde luego, ya que durante el primer año del ESPURIATO se disparan los precios de los productos básicos, aumenta la violencia por el narco, y en general el descontento social.Pero es hasta 2008 cuando el PAN se monta de lleno en el discurso de los enemigos del progreso que tanto le gustaba al PRI. Esto ocurre, curiosamente, cuando se da a conocer que Juan Camilo Mouriño, siendo diputado federal y asesor de la secretaría de energía cuando fecal era titular de la SENER, había incurrido en ilegalidades al firmar contratos de Pemex con Ivancar, empresa propiedad de la familia Mouriño.

Quien hace estallar el escándalo es Andrés Manuel López Obrador, y es amplificado por el PRD en la cámara de diputados--o bueno, por algunos perredistas, ya que integrantes de Nueva Izquierda como Ruth Zavaleta se abstienen de tocar a Mouriño debido a los acuerdos que hay entre Mouriño y los chuchos para que Jesús Ortega pueda apoderarse del PRD.
Ni Mouriño ni el PAN ni la presidencia podían rebatir las acusaciones. Mouriño había firmado esos contratos y lo tuvo que admitir en televisión. Pero al hacerlo también hace una declaración que no se había escuchado en el país en más de 2 sexenios: alegó que quienes estaban poniendo en evidencia sus actos ilícitos pretendían detener el progreso del país. Practicamente montándose en un discurso de campaña, Mouriño acusó a quienes lo pusieron en evidencia de tratar de impedir el progreso del país por medio de las reformas "que México necesita" y que en realidad no eran otra cosa más que la privatización de Pemex y de la CFE.Curiosamente, a pesar de que Mouriño virtualmente tachó de enemigos del progreso a quienes lo denunciaron por ilegalidades que él mismo admitió, NUNCA presentó UNA SOLA EVIDENCIA que demostrara que no había cometido una ilegalidad al firmar esos contratos.


Sólo había UNA sóla posible evidencia que convertiría a sus firmas de contratos con Ivancar en Pemex en actos legales: un permiso por escrito de su superior jerárquico (en ese entonces Felipe Calderón) autorizando que firmara los contratos. Pero en la entrevista con Joaquín López Dóriga en la que Mouriño pretendió defenderse acusando a sus acusadores de enemigos del progreso, Mouriño dijo que Calderón no sabía nada de los contratos con Ivancar--como bien señaló Jaime Avilés en su columna Desfiladero en La Jornada. Es decir, Mouriño se cerró sólito única posible salida que tenía usando su propia lengua.