martes, 25 de marzo de 2008

Prácticas del Gobierno hacia los movimientos sociales de Díaz Ordaz a Eduardo Bours

Eduardo Bours represor, Asesino
Una de las características de toda organización es la reproducción de conductas o procedimientos que han resultado efectivos en anteriores ocasiones para resolver situaciones críticas.

De hecho, existen teorías que proponen que un sistema administrativo como el Gobierno únicamente tiene tiempo para reproducir lo que sus antecesores en el puesto han hecho, esto debido a que siempre enfrentan coyunturas que rebasan cualquier intento de planeación o transformación de las tácticas; a esto se le conoce como la teoría del “bote de basura”.
Al utilizar esta teoría no busco justificar la actuación que diferentes administraciones gubernamentales mexicanas tienen frente a movimientos sociales, todo lo contrario, intento mostrar la continuidad de prácticas en el Gobierno como la represión a los movimientos sociales.
Aunque no es comparable el movimiento estudiantil de la Ciudad de México en 1968 y el movimiento contra la desaparición del Parque de Villa de Seris en Hemosillo, Sonora, en el 2008, por su tamaño y otros elementos, existen coincidencias significativas en la forma en que el Gobierno buscó cooptar o reprimir ambos casos. Primero, tanto el Gobierno federal de Díaz Ordaz como el estatal (y municipal) de Eduardo Bours realizaron una intensa campaña de descalificación del movimiento, acusándolo a uno de ser parte de una “conjura internacional diseñada por comunistas” y al otro, de ser manipulados por grupos políticos contrarios al Gobierno. Segundo, existe una sistemática negativa de ambos gobiernos para reconocer al movimiento como un interlocutor válido, por lo que no existía ninguna posibilidad de negociación.
Aunque Díaz Ordaz nunca aceptó la realización de reuniones públicas ahora se sabe que existieron reuniones entre el Gobierno y los estudiantes sin que esto representara un avance en la solución del conflicto.
En el caso de Hermosillo, el Gobierno aceptó realizar una reunión, pero ésta no tenía como finalidad ningún tipo de negociación real, sino sólo servir como demostración de la “apertura” del Gobierno.
Tercero, ante la imposibilidad de inhibir la participación de grupos sociales los gobiernos de Díaz Ordaz y Eduardo Bours decidieron comenzar a utilizar tácticas intimidatorias; el envío de personas a tomar fotografías de los manifestantes, la presencia de crecientes contingentes policiales, pero quizá la más grave y significativa coincidencia, son los discursos de ambas cabezas del Ejecutivo federal y estatal que amenazaban a los integrantes de los movimientos.
El 10 de septiembre de 1968 frente al Congreso Nacional el entonces Presidente de la República concluyó su discurso con las siguientes palabras: “…No quisiéramos vernos en el caso de tomar medidas que no deseamos, pero que tomaremos si es necesario; lo que sea nuestro deber hacer, lo haremos; hasta donde estemos obligados a llegar, llegaremos..”.
El 11 de marzo del 2008 Eduardo Bours declaró que: “… Voy a sacar a a patadas las piedras y las piedritas…”. Aunque buscó después aclarar que no se refería a personas, el discurso fue hecho en los días que se producían ya enfrentamientos entre la Policía y los manifestantes contra la desaparición del parque. Además al mismo tiempo que decía no decir lo que dijo, lo reafirmó con otros términos: “…No es momento de tibiezas ni indefiniciones, hay muchos rezagos como para estar dándole vueltas a las cosas y viendo por que no se pueden hacer…”.
Cuarto, ambos gobiernos decidieron utilizar la represión como el método para terminar con las manifestaciones.
En ambos casos, la represión trató de ser “escondida” sosteniendo que la fuerza pública (o el Ejército) únicamente intervino como respuesta a las “agresiones” realizadas por los manifestantes.
En el caso de 1968, el ejemplo típico es lo que pasó en la Plaza de las Tres Culturas donde la versión oficial de los hechos, sostiene, que los soldados dispararon como respuesta a disparos realizados por estudiantes que se encontraban en los techos o entre la multitud. En el caso de Hermosillo, la Policía alega haber arrestado a los manifestantes después de que éstos atacaron a los policías o que intentaron “atentar contra la integridad” del Gobernador o impedir las obras del Municipio.
En los dos casos el resultado fue una serie de arrestos bajo argumentos jurídicos poco sostenibles. Puede ser considerado una exageración comparar el genocidio cometido en Tlatelolco por parte del Ejército, que lo fue, con lo sucedido en Hermosillo. Sin embargo, como trato de demostrar existe una persistencia en las prácticas gubernamentales que es notoria.
Quinto, el Gobierno realizó una criminalización de movimientos sociales legítimos. Las razones del porqué lo hizo en el pasado Díaz Ordaz y en el presente Eduardo Bours son varias.
En el primero al parecer determinadas por la lógica misma del sistema político mexicano, en el segundo por la presencia de fuertes intereses económicos además de la misma ausencia de prácticas políticas de diálogo de los gobiernos estatales con las oposiciones civiles organizadas.
Las protestas ciudadanas son calificadas como acciones de “obstrucción a la autoridad” o “atentar contra la integridad del Gobierno”; la presencia del contrario sólo es terminada de esta forma por gobiernos autoritarios o dictaduras.
En conclusión, el gobierno de Eduardo Bours, a una escala claramente menor y sin el costo de vidas humanas que tuvo el 68, está utilizando una serie de prácticas políticas para reprimir o cooptar a los movimientos sociales que están presentes en México, al menos, desde el gobierno de Díaz Ordaz.
El recurrir a estas prácticas puede ser explicado por la costumbre de las organizaciones gubernamentales de reproducir prácticas que le funcionaron en el pasado, en este caso para terminar movilizaciones sociales que no son contrarias a los intereses del Gobierno.
Esto demuestra que en el rubro de la relación entre el Gobierno y los movimientos sociales, administraciones como la de Eduardo Bours no presentan ningún avance, todo lo contrario, una continuidad que lo colocará en la historia al lado de personajes como Díaz Ordaz.
Aqui la nota en radio bemba


Mario Alberto Velázquez García, investigador de El Colegio de Sonora.