domingo, 6 de abril de 2008

El PAN, traidor a sí mismo




Hace unos 30 años, Gabriel Zaid criticó a los universitarios que entonces habían adoptado la moda de irse de guerrilleros a la sierra para “hacer la revolución”. Decía Zaid que eso era declinar de la fuerza que sí se tenía, en aras de la que no se tenía: Cambiar la pluma por el fusil, el cerebro por los testículos, las neuronas por las hormonas. Zaid tenía razón, por supuesto. Quienes empuñaron las armas no sólo no lograron el menor cambio favorable en la sociedad; si acaso, tan sólo consiguieron endurecer aún más las líneas duras políticas y gubernamentales que supuestamente querían modificar, además de morir ellos mismos en la oscuridad e irrelevancia totales.

Algo así está haciendo hoy el PAN desde que comenzó a acceder al poder (primero a nivel municipal, luego estatal y por último federal): En todos lados abandona la fuerza que sí tenía, y la cambia por la fuerza que no tuvo, tiene y tal vez nunca tendrá. Dejó de ser faro moral para convertirse en caricatura grotesca del sistema autoritario que lo precedió y contra el cual la sociedad lo apoyó precisamente confiando en esa fuerza moral que sí tenía. Abandona sus principios y adopta febrilmente los afanes inmediatistas e inescrupulosos del PRI más básico y primitivo. Nada más que en el proceso desdibuja su rostro distintivo en aras de una ambición vana: Volverse tan eficaz en el manejo del poder como su “odiado” antecesor. Nada más que el PRI le lleva 80 años de ventaja en refinamiento corruptor, habilidades manipuladoras y crudeza pragmática.
En su momento lo advirtió Felipe Calderón, entonces líder máximo del PAN: Cuidado con ganar el poder pero perder al partido. Eso es exactamente lo que ha pasado. Y Calderón mismo no tiene las mejores credenciales al respecto; basta el caso Mouriño para demostrarlo. Lo firmaría Gonzalo N. Santos desde el PAN actual: Moral es el árbol que da moras.
Aunque es más probable que el PRI regrese por sus fueros al poder nacional, cuando EU lo permita, y entonces despliegue toda su diabólica astucia para no dejar Los Pinos en cien años más, quizá finalmente el PAN logre a la larga volverse tan lamentable como el PRI que dijo querer erradicar. Pero en el proceso está dejando de ser el PAN… aquel PAN.