lunes, 14 de julio de 2008

Carlos Salinas: Prepara el terreno , alias el inombrable ahora afila sus alianzas con calderon y sus aliados para impedir que lopez obrador llegue


Ante el escenario panista rumbo al 2012, en donde es verdad afirmar que van tarde y viendo el destino PRD, por lo menos con los rostros de Marcelo Ebrard y López Obrador el ex mandatario priísta entra en acción.
Es aquí donde Carlos Salinas decide modificar su estrategia. Porque sabe que con el calderonismo como está no le alcanza, no le dan las cuentas para 2012. Hoy tienen más valor político los rostros priístas de Enrique Peña Nieto, Manlio Fabio Beltrones y Beatriz Paredes, que los panistas de Santiago Creel, Juan Camilo Mouriño y Germán Martínez. Pero Salinas sabe que ese valor es canjeable sólo si el PRI puede presentar un frente unido.
A diferencia de 2006, cuando la disputa Madrazo–Elba Esther–Beltrones–Tucom los hundió en el tercer lugar. Y aunque el trasvase de votos hacia el panismo calderonista rindió a Salinas, a la maestra y al Tucom réditos políticos y económicos, sería difícil replicar en 2012 esa maniobra. Simplemente porque no existe un candidato panista a quien cultivar desde ahora.
Caudillo moderno
Por eso, como un moderno Plutarco Elías Calles, el ex presidente se asume como el nuevo concertador y pacificador de los caudillismos revolucionarios. Pero aquellos generales revolucionarios de ayer, los caciques que se sentaron a pactar el nacimiento del Partido Nacional Revolucionario, hoy visten de saco y corbata, de smoking y frac. Unos se dicen neoliberales, otros se identifican con la nomenklatura. Pero para que Carlos Salinas pueda autoerigirse como el fiel de la balanza, lo primero que tiene que hacer es marcarse en ceros.
Es decir, desmarcarse. A partir de esa óptica puede entenderse el más reciente libro del ex mandatario, “La Década Perdida”, en el que sorprendió al renegar de su origen neoliberal. Una factura que endosó a Ernesto Zedillo y Vicente Fox. Desde que salió el libro, Carlos Salinas viene montando toda una operación política mediática, que incluye dejarse ver con más frecuencia en eventos sociales, promoviendo entrevistas con todos los medios. Esa sanación política salinista también implica una reconciliación con el pasado y el exorcismo de los demonios electorales de su elección como presidente en el 88. Todo para llegar a la boda de la hija de Manlio Fabio Beltrones en un Convento de las Vizcaínas que se transformó en un conciliábulo para el reencuentro y el perdón. Como en las mejores escenas de las obras “famigliares” de Mario Puzo, la boda de la hija fue el pretexto ideal para sentar en la mesa a amigos y enemigos. Para que se cruzaran las miradas, se abrazaran, se dieran el beso en la mejilla, el manotazo en el cachete y se intercambiaran el clavel.
El Jefe Diego se sentó a la diestra de su amigo Carlos Salinas. A la siniestra, su futuro, el mexiquense Enrique Peña Nieto. Y si llamó la atención el desfile de panistas como Santiago Creel o de perredistas como Carlos Navarrete, acaparó más reflectores la charla privada que sostuvo Carlos Salinas con Juan Camilo Mouriño. Pero la escena estelar de la noche no fue ésa. Corrió a cargo de dos priístas. De Carlos Salinas y Emilio Gamboa Patrón. El reencuentro de lo irreconciliable.
Los que tenían catorce años de no hablarse, de sentirse traicionados el uno por el otro. Los que con su disputa personal hicieron de la división del PRI su derrota en Petróleo + Leyes = Poder. Los panistas Diego Fernández y Daniel Cabeza de Vaca, con los dos Carlos, Salinas y Romero Deschamps. Leer mas