miércoles, 20 de agosto de 2008

Urge debatir sobre impunidad: Carlos Monsiváis



Que se llevará a cabo de forma permanente en el contexto de la organización de las celebraciones del bicentenario de la Independencia y el centenario de la Revolución por parte del gobierno capitalino

Planteó que también se discuta sobre educación, ecología, cultura indígena, religión, aborto, sexualidad, muerte asistida, clonaciones, matrimonio entre gays y lesbianas, transexualidad y sociedades de convivencia, “ya fuera de bioética y, !oh dolor!, las minifaldas”.


Más allá de esos temas, el debate sobre la impunidad tendrá alcance nacional y deben participar todos los sectores de la sociedad, desde el Poder Legislativo hasta los indígenas: “yo no propondría un debate institucional sobre casi ningún tema pero en el de la impunidad sí”, porque el tema de la violencia es demasiado vago; “son cadáveres y cadáveres y las relaciones de la policía con el narco y etcétera, pero no permite el debate, se condena y punto.


“Lo que sí permite el debate son las estructuras de la impunidad” y por eso vale “insistir en que el Poder Legislativo, los medios electrónicos y las universidades tengan una actitud, porque es el único tema que permitiría testimonios y de algún modo reflexiones colaterales sobre lo que más nos importa.”


Acerca de la violencia, dijo que “debe frenarse con la acción de la justicia que detenga el narcotráfico, los policías involucrados, los empresarios y políticos; pero esto se ha dicho en demasía y no ha pasado nada.” Consideró que uno de los pasos siguientes, “al lado de las acciones del Poder Judicial, es un debate nacional de primer orden sobre la estructura de la impunidad y creo que al lado de la cumbre de seguridad debe darse la cumbre alternativa”.
Monsiváis cuestionó, ¿qué es la impunidad “en el mundo de los negocios, en el universo bancario, en la red judicial, en el disfrute de los ecocidios, en los tratos inquilinarios, en el saqueo interminable a los pobres? ¿Qué es la impunidad tratándose de las corporaciones policiacas, del laberinto de los jefes policiacos, de los nexos con los narcotraficantes, de la ligereza con que se ejecutan los asesinatos en serie? ¿Qué es la impunidad en el mundo laboral con la guillotina del salario mínimo o de los contratos de riesgo o las esclavitudes de la maquila?”.


El escritor llamó la atención acerca del número de policías muertos en el cumplimiento de su deber y pidió no estigmatizar a esas agrupaciones por la corrupción y la impunidad en el país. “La generalización es injusta, sobre todo si se trata de la policía uniformada, sometida a una serie de abusos donde figuran los salarios bajos”.


Agregó que “no todo es desastre y prueba irrefutable de ello es el número de policías asesinados cada año en el cumplimiento del deber. Como los soldados también victimados por la delincuencia, estos policías han servido a la sociedad y, a partir de esto, han pertenecido a ella. Si no se reconoce el sentido de su muerte se dará por sentado que el país vivirá mejor sin un solo policía, lo que no parece ser lo apropiado”.