lunes, 24 de agosto de 2009

Lo que AMLO debe hacer ahora con Juanito: Federico Arreola SDP


Duros los cartones de Helguera y Hernández en La Jornada. Duros, pero justos, con Andrés Manuel López Obrador.

Creo que AMLO está obligado a pronunciarse, cuanto antes, acerca del sainete de Rafael Acosta, "Juanito".

Esa persona ganó en los comicios de julio, en Iztapalapa, porque AMLO así lo pidió a los ciudadanos. La intención de Andrés Manuel era darle una lección al Tribunal Electoral federal. Y el objetivo se cumplió.

A la mala, ese tribunal le había quitado la candidatura perredista a Clara Brugada. La estrategia de López Obrador, correcta, partía de pedirle al candidato del PT -el hasta hace unos meses desconocido "Juanito"-, que sirviera de instrumento para hacer posible la victoria de Brugada.

"Juanito", sin que nadie lo obligara, se comprometió a renunciar si ganaba. Muchos le creímos porque él, hasta hace unas semanas, se había mantenido con firmeza entre los partidarios del gobierno legítimo.

Pero el dinero, que es el diablo, ha tentado a "Juanito". Sobran personas que se le han acercado -entre otras los peores chuchos del PRD, René Arce y Víctor Hugo Círigo- para decirle que no sea tonto, que no puede dejar ir la oportunidad de su vida, que es ahora o nunca para que él mejore su posición económica, que va a manejar un gran presupuesto y que si hace las cosas "con duidado" nunca volverá a ser pobre.

Se ha comentado que "Juanito" pidió, al jefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard Casaubón, tres millones de dólares a cambio de renunciar. Ebrard lo mandó por un tubo.

Por esa razón, alentado por los medios antipejistas que manipulan a "Juanito" por la vía de jugar con su vanidad, el delegado electo de Iztapalapa anda ahora maniobrando para no cumplir su palabra. Ha llegado al extremo de insultar a Brugada y de minimizar el papel de AMLO en su victoria.

Tal como están las cosas, el que debe dar la cara, y pronto, es Andrés Manuel.

El movimiento de resistencia es fuerte porque tiene autoridad moral. Y esto es lo único que no puede perder. No se debe tolerar, por lo tanto, a ningún corrupto. A ningún "Juanito", que se corrompió desde antes de empezar a gobernar.