viernes, 13 de agosto de 2010

El dossier politico habla del RECTOR DEL ITSON Y LE TIRAN DURO por su hipocrecia


Jesús Noriega
¿Qué esconde el reculón del rector del ITSON? *

No basta arrepentirse del mal que se ha causado, sino también del bien que se ha dejado de hacer

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Desde el día anterior a la sesión del Consejo Directivo del ITSON del pasado 4 de agosto, en los corrillos académicos y políticos de Cajeme, corrió con intensidad farandulera el chisme de que Gonzalo Rodríguez Villanueva recularía en la renuncia y buscaría extender el segundo periodo hasta su término en noviembre del 2011.

Se sabía de la separación del Consejo Directivo del maestro Roberto Celaya Figueroa, miembro conspicuo de la comunidad ITSON, quien en una entrevista cuestionó las circunstancias aberrantes que vive su institución y anunció abiertamente que reunía los requisitos para ser considerado en la prelatura a la sucesión a rectoría.

El otro consejero puesto al margen fue el maestro Alberto Galván, testaferro de cabecera que cuidó con celo la oficina de rectoría durante la prolongada ausencia a Gonzalo Rodríguez. Fueron ellos, pero pudo serlo cualquier consejero, porque la realidad es que para los ánimos paranoicos del rector todos son traidores hasta que demuestren lo contrario.

Rodríguez Villanueva ahora sí que perdió todo. Hasta antes del margallate de verano, la comunidad académica crítica del país tenía al renunciante arrepentido en el “cuadro del deshonor académico”, pero hoy figura también entre los que carecen de palabra, entre los que deshonran las raíces, de esos que en privado asumen compromisos en un sentido y en la plaza pública parafrasean o alardean otros.

¡Qué casualidad! En el verano del 2010 le entraron al rector Rodríguez ventoleras democráticas que antes desconoció; lo invadieron las ínfulas de adalid de las autonomías universitarias, que en su boca resuenan a retorcidos conceptos de lo que podría llamarse autogobierno o “patente de corso”. Olvida a su favor que procede de una apresurada maniobra legislativa, -el mandato anti reeleccionista “etiquetado” que Eduardo Bours le encomendó al Congreso en noviembre del 2003-, atentatoria del más peregrino concepto de “autonomía”.

Gonzalo Rodríguez es ficha de negociación. Con tal de preservar las canonjías del reyezuelo o de algún alfil, es quizás apenas el peón de sacrificio en los escaques negros de la grilla y la política. Azuzado por asesores caros y mentirosos, el monigote al servicio de intereses extra institucionales sostiene falsedades. Por eso es que, entre los apremios de la autodefensa, se acoge mentirosamente al reclamo de autonomías que nunca antes concibió, pero al que hoy se aferra por táctica de supervivencia.

A echar mano de lo que sea: emboscadas mediáticas de patrañas, el libelo parafraseado por Felipe Flores el regio asesor, los cochupos para que verdades trastocadas aparezcan como notas periodísticas que se ajusten a la conveniencia, la simulación de la enfermedad como estrategia de compasión y dilación, el trastupije y los enredos legaloides a trasmano, la asonada de los incondicionales y del gremio político.

Todo lo que sirva como mecanismo de autodefensa.

¿De qué tamaño será y a quienes alcanzan los presuntos desfalcos del ITSON que hasta el “aliancismo” sonorense se apunta dispuesto a defender a Rodríguez Villanueva? Vamos, se apronta incluso el diputado Rogelio Díaz Brown, tradicionalmente ecuánime y ligado a causas humanas justas. ¿Será la cabeza de Gonzalo la moneda de cambio en la operación cicatriz de las cuentas mochas que dejó el sexenio boursista?

Los diputados priistas y correligionarios, en lugar de pedirle cuentas claras, acuerpan, acurrucan cariñosamente al rector del ITSON, el guasón de los doctorados chafas, el presunto ladrón de dinero y oportunidades de estudiantes, el asesino de ilusiones juveniles. Con aceleres dignos de mejores causas, desdeñando las sospechas del mal uso y peor destino de fondos públicos, los diputados “aliancistas” antes que esclarecerlas, pretenden blindar al rector arrepentido con los tufos de sus fueros.

Con descaro que linda en el cinismo o la provocación social, antes que urgirlo a transparentar la cuestionable actuación, especialmente la manga ancha en costosas e inútiles decisiones como los recursos institucionales esfumados en mercados de valores, con el sambenito del “fortalecimiento de la autonomía del ITSON”, un montón de diputados locales del PRI, PVEM y PANAL ” y tres diputados federales del PRI, prometen gestionarle recursos “etiquetados” al renunciante arrepentido para el próximo ejercicio fiscal. Cosa curiosa, desde afuera de la institución, esos diputados asumen que “fortalecerán” la autonomía del ITSON.

Los lameculos enquistados en los puestos de decisión brincotean de contenturas. Ríen como nunca agazapados entre las marañas de intereses, o los arropan los cotos patrimonialistas que alienta el status quo; en los grupos de interés, hoy se sienten a salvo los que tradicionalmente son renuentes a la acción y al cambio, los que se niegan a dar los pasos seguros que necesita la modernización del ITSON.

Aquellos que anteponen intereses personales al interés institucional sacan raja y se alegran con la impunidad ante los tropiezos de Gonzalo, harán cuanto puedan para impedir el acceso del ITSON a nuevas etapas de academia, investigación y capital social que lo coloquen en la frontera de la ciencia y lo vinculen a la sociedad del conocimiento. Otra vez nada dirán, porque el reversazo de Gonzalo los ampara para medrar rentas y ganancias.

Marioneta de grupos políticos y económicos sin pudores, sin otro afán de trascendencia que no sea el basado en usufructuar el poder a costa de lo que sea, Rodríguez navega el proceloso mar de hacer lo que le dictan, de actuar a tono con el eco que resuena en el oído; de cumplir al pie de la letra las órdenes que recibe, y no precisamente de los “consejeros directivos”. Es el libreto que escribe cada día el imagólogo, el profesional de medios contratado para reconstruir la imagen maltrecha del rector del ITSON.

Sin darle licencias a la imaginación: Rodríguez Villanueva está atrapado en el laberinto de sus dudas, en la paranoia de encontrarse con el enemigo en cada rostro que se le atraviesa; Gonzalo es prisionero de las máscaras que lo acuerpan, que al defenderlo ocultan fechorías.

Pero, y además, de cara al futuro inmediato ni a quien irle en la camada, en tanto que el rector del ITSON vive preso en laberintos de dubitaciones, el delfín, “El Totono” Gutiérrez, naufraga en torrentes de pasiones… ¿juveniles?… Ambos forman parte de los problemas y nunca lo serán de las soluciones.

A leguas se nota la perversión patrimonialista con que el rector reculante concibe los asuntos y el espacio institucional que tiene a cargo, al punto que sus decisiones indican que lo tiene por propiedad personal. Es otra historia atroz del funcionario público que convirtió los espacios de la función pública en caprichosa pertenencia personal, en obsesiva posesión que aprovecha hasta para los antojos.

Como si las sospechas de corrupción no fueran suficientes, el desempeño de Gonzalo Rodríguez en la plaza pública, tampoco será ejemplo a seguir por los alumnos del ITSON o de cualesquier universidad.

En el reculón de Gonzalo Rodríguez a la renuncia de rectoría del ITSON, no importan los alumnos, sus aspiraciones, los anhelos de realización profesional, o sus vidas; no importan las sospechas de fondos públicos desaprovechados, el dispendio del patrimonio ITSON;

no importa la academia, menos la gente ITSON; no importa la referencia rectoral como emblema de incompetencia e inmoralidad en el servicio público; no importa el entorno, la comunidad universitaria o el ITSON mismo, sólo interesa salvar el pellejo y eludir responsabilidades.